¿Premium o Eficiente? La Encrucijada del Transporte a Demanda en Europa
Reflexiones desde Hamburgo sobre el presente y futuro del DRT
Publicado originalmente en LinkedIn en junio de 2025.
Durante mi reciente visita al evento de UATP en Hamburgo, mi socio y yo decidimos probar MOIA , el servicio de transporte a demanda de Volkswagen. Dos trayectos después —uno urbano, otro al aeropuerto— y con una experiencia excelente en el bolsillo, nos sumergimos en una conversación que no puedo dejar de compartir: ¿hacia dónde va realmente el DRT en Europa?
La pregunta no es trivial. Estamos en un momento clave donde las decisiones que tomemos hoy sobre el transporte a demanda definirán si se convierte en una herramienta de sostenibilidad urbana o en otro lujo tecnológico más.
MOIA: Cuando la abundancia se vuelve premium
MOIA no es un ride-pooling asequible como Uber Share, aunque así se autodenominen. Es un servicio DRT urbano premium, operado con una flota de unos 500 vehículos eléctricos en Hamburgo. Los números hablan por sí solos:
450,000 usuarios registrados
650,000 viajes por trimestre
Vehículos con Wi-Fi, USB y paradas virtuales a 150-200 metros del usuario
Precio similar a Uber, pero con la promesa de ser “compartido”
Aquí está el primer dilema: hablando con startups que desarrollan software para DRT, nos contaron algo revelador. En una ocasión, tres usuarios pidieron el mismo trayecto a la misma hora, y el sistema de MOIA asignó tres vehículos distintos habiendo espacio para ir en una sola furgoneta.
¿Por qué? Porque priorizan la experiencia individual sobre la eficiencia colectiva. Es decir, prefieren que te sientas como en un Uber antes que optimizar realmente el recurso compartido.
Y aquí es donde el concepto de “ride-pooling” hace aguas. Si un sistema que se autodenomina “compartido” asigna vehículos individuales cuando podría agrupar usuarios, ¿realmente estamos hablando de transporte colectivo? O simplemente hemos encontrado una forma elegante de llamar “sostenible” a lo que sigue siendo consumo individual disfrazado.
La Teoría de la Abundancia: ¿más es siempre mejor?
Esta situación conecta con un debate más amplio que se está gestando en los círculos de políticas públicas: el de la “transport abundance” o abundancia en el transporte. Pensadores como Ezra Klein y Derek Thompson defienden que deberíamos reducir las barreras al acceso a la movilidad, aumentando masivamente la oferta:
Más infraestructura
Más modos de transporte
Más operadores compitiendo
Menos regulaciones restrictivas
La premisa es simple: si hay más opciones disponibles, las personas se moverán mejor y más eficientemente.
Y en Hamburgo, esta teoría parece funcionar. La ciudad cuenta con un ecosistema de movilidad envidiable: transporte público robusto (bus y metro), taxis tradicionales, Uber, micromovilidad en todas sus variantes, y ahora MOIA completando el puzzle. La movilidad global es, efectivamente, excelente.
Pero aquí hay una trampa.
La crítica de Fernando Fernández-Monge: Calidad sobre Cantidad
Fernando Fernandez-Monge introduce un matiz crucial en su blog: no necesitamos más movimiento, sino mejor movimiento. Su argumento es poderoso: la abundancia sin dirección puede generar más problemas que soluciones. No se trata solo de subvencionar más autobuses o infraestructuras, sino de incentivar los comportamientos correctos.
Ejemplos como el Mobility Impact Market, que paga a operadores según su impacto en CO₂ y salud pública, o el sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE) en España para fomentar el carpooling urbano, muestran cómo alinear intereses públicos y privados hacia una movilidad realmente eficiente.
España y el DRT: la escasez mal dirigida
Mientras Hamburgo experimenta con abundancia premium, España mantiene una visión restrictiva del DRT. Según datos del Observatorio de Transporte y Logística, aquí se concibe como:
Servicio para zonas rurales exclusivamente
Sustituto de líneas regulares deficitarias
Transporte social con tarifas subsidiadas
Sin posibilidad de escalar en entornos urbanos
Esta aproximación asistencialista desaprovecha una oportunidad enorme: el DRT como modo intermedio entre el autobús y el taxi, capaz de descongestionar líneas saturadas, cubrir eficientemente trayectos de media demanda, e incentivar usos del transporte más eficientes como describe Fdez-Monge. Es como si hubiéramos decidido que el DRT es un “transporte de segunda” cuanto podría aportar una pieza clave del puzzle de movilidad urbana.
La Paradoja de Tres Modelos
Aquí tenemos tres aproximaciones al DRT que ilustran perfectamente la tensión entre abundancia y dirección:
Modelo Hamburgo (MOIA): Abundancia Ciega
Filosofía: Más opciones para todos, experiencia premium
Realidad: 500 vehículos priorizando comodidad individual
Resultado: Éxito comercial, pero ¿impacto sostenible cuestionable?
Modelo España: Escasez Mal Dirigida
Filosofía: DRT solo para casos específicos y marginales
Realidad: Impacto limitado, sin escalabilidad urbana
Resultado: Oportunidad desaprovechada de crear modos intermedios
Modelo Ideal: Abundancia Inteligente
Filosofía: Más opciones, pero orientadas hacia comportamientos sostenibles
Herramientas: Incentivos que premien la eficiencia real
Objetivo: El mejor de ambos mundos
¿Es Posible la Abundancia Inteligente?
La pregunta del millón es: ¿puede el DRT ser abundante Y dirigido a la vez? Creo que sí, pero requiere un cambio de mentalidad en tres niveles:
🚌 Para Operadores
No competir solo en comodidad, sino en impacto sostenible real. Desarrollar algoritmos que optimicen la ocupación genuina, no la percepción de servicio premium. Integrar métricas de CO₂ y salud pública en los KPIs principales.
🏛️ Para Administraciones
Abandonar la visión del DRT como “transporte de segunda” y crear marcos regulatorios que incentiven el agrupamiento eficiente. Implementar sistemas de pago por impacto, como ya se está haciendo con los CAE.
💻 Para Startups Tecnológicas
Enfocar la innovación en optimización colectiva, no individual. El reto no es hacer que cada usuario se sienta especial, sino maximizar el beneficio del sistema completo.
Y aquí hay una oportunidad clave: las startups que provean herramientas de datos holísticas pueden dar a todos los actores las palancas necesarias para que el sistema se mueva de manera sincronizada. Si un operador de DRT no tiene información de lo que pasa en otros modos —saturación del metro, picos de demanda de buses, disponibilidad de micromovilidad— muy difícilmente podrá asignar sus recursos de manera dirigida hacia donde realmente se necesita.
El Futuro que Necesitamos
Hamburgo nos mostró que el DRT puede escalar, puede ser atractivo y puede integrarse sin competir destructivamente con el transporte público. Pero también nos enseñó los riesgos de una abundancia sin dirección.
España, por su parte, nos recuerda que la escasez dirigida tampoco es la respuesta. Necesitamos más opciones, pero mejores opciones.
El DRT del futuro debería ser:
Un nuevo modo de transporte que cubre necesidades diferentes y se sitúa entre el transporte colectivo de alta frecuencia y el ride-hailing o taxi
Una solución eficaz para zonas de media demanda urbana
Una herramienta para descongestionar líneas saturadas
Un espacio de innovación para startups que aportan tecnología puntera
Mi vehículo llegando al punto de recogida
La Pregunta Final
Si queremos evitar que la abundancia en el transporte se traduzca en más emisiones, más coches y más congestión, debemos apostar por políticas que incentiven la demanda correcta. No se trata de elegir entre más opciones o mejores opciones. Se trata de crear más opciones mejores.
¿Nos atrevemos a imaginar un DRT que sea abundante, accesible Y sostenible? La tecnología ya existe. La experiencia de Hamburgo demuestra que la demanda está ahí. Solo falta la voluntad de diseñar sistemas que optimicen para el bien común, no solo para la satisfacción individual.
El futuro del DRT y de la movilidad urbana en general depende de que encontremos este equilibrio. Y el momento de empezar es ahora.


